Carlos Milhomme, presidente del Colegio de Farmacéuticos local, advierte sobre un «ahogo financiero» debido a que las entidades de seguridad social adeudan prestaciones desde diciembre. En un contexto económico crítico, la distorsión entre los plazos de cobro y los pagos a proveedores amenaza la continuidad de la atención sanitaria en los barrios.
En diálogo con este semanario, Carlos Milhomme, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Mercedes, expresó su preocupación por la situación límite que atraviesan las farmacias de la ciudad. El nudo de la cuestión radica en una peligrosa distorsión financiera: mientras las farmacias deben abonar a sus proveedores (droguerías) en plazos semanales, las obras sociales presentan atrasos que, en muchos casos, se remontan a prestaciones realizadas en el mes de diciembre.
«Es un tema financiero que se está volviendo económico porque los plazos de pago y cobro están totalmente distorsionados», explicó Milhomme, señalando que esta situación genera un ahogo financiero que pone en jaque la capacidad de la farmacia para reponer su stock. Según detalló, el sistema de las droguerías es automático: si se acumulan tres resúmenes semanales impagos, la cuenta se corta, impidiendo que el farmacéutico pueda seguir adquiriendo medicamentos para sus pacientes.
Esta problemática afecta directamente a la seguridad social, incluyendo a grandes entidades como PAMI, IOMA y obras sociales sindicales. Milhomme remarcó que la farmacia actúa como el último eslabón de la cadena de salud, absorbiendo los costos y resguardando la trazabilidad del medicamento, pero con una nula injerencia en la fijación de precios, ya que estos vienen impuestos tanto para la compra como para la venta.
«La farmacia no pone el precio ni de compra ni de venta… estamos comprando con un margen bruto en nuestros proveedores de, con suerte, el 30 % o 32 %» destacó el reconocido farmacéutico local, agregando que «Lo comercial está hackeando lo profesional: si no tenés stock para llevar adelante la atención de tus pacientes, no podés atender al paciente…Es muy cruel que la farmacia pueda estar privada de atender al paciente porque no puede reponer su stock».
Más adelante, el presidente del Colegio de Farmacéuticos destacó: «Hacemos un llamado a la seguridad social a que entiendan nuestra situación porque estamos en un momento crítico».
El impacto de la crisis: pacientes que dejan sus tratamientos
La difícil situación económica del país ha impactado sensiblemente en el mostrador. Milhomme confirmó que se observa una disminución en la cantidad de recetas y que la tradicional «cuenta corriente» de la farmacia de barrio se está volviendo cada vez más larga. «Hay gente que te dice: ‘por más que me des la posibilidad de pagar en cuotas, no puedo y tengo que dejar el medicamento», lamentó el profesional. Asimismo, advirtió sobre el riesgo de que el paciente se vea influenciado por publicidades que fomentan un uso irracional o abusivo de fármacos en lugar de atender a su necesidad real prescrita por un médico.
Fiebre amarilla: las farmacias como nuevos centros de certificación
Como contrapartida a la crisis, Milhomme destacó un avance en el rol sanitario de las farmacias. Próximamente, los establecimientos de barrio estarán autorizados para formalizar oficialmente la vacunación contra la fiebre amarilla y emitir la certificación correspondiente. Esta medida busca descentralizar el servicio, evitando las históricas «colas de cuadras» en los hospitales públicos para aquellos vecinos que necesitan el requisito para viajar. No obstante, Milhomme advirtió sobre la contradicción de enaltecer la profesión con nuevas tareas mientras se debe «mendigar» que se cumplan los plazos de pago para poder comprar los insumos necesarios.
Venta ilegal: el peligro de los medicamentos fuera de la farmacia
Finalmente, el presidente del colegio fue categórico respecto a la venta de medicamentos en kioscos o almacenes, calificándola como una práctica ilegal y sanitariamente peligrosa. Recordó que en la provincia de Buenos Aires no rige la desregulación de los años 90, por lo que incluso los medicamentos de venta libre deben dispensarse exclusivamente en farmacias. «No es una cuestión económica, es sanitaria», afirmó, explicando que un medicamento mal utilizado puede enmascarar cuadros graves, como una apendicitis que termina en peritonitis por el uso inapropiado de un antiespasmódico.







